¿Por qué contratar un diseñador de iluminación?
- Carlos Carrillo

- 15 jun 2023
- 6 min de lectura
Actualizado: hace 6 horas
“No necesito un diseñador de iluminación. Eso lo puede hacer directamente el electricista.”

Aunque parezca extraño, esta es una frase que todavía se escucha cuando comienza el desarrollo de un proyecto.
En ocasiones, por reducir costos, la iluminación se considera una decisión que puede dejarse para las últimas etapas de la obra: primero se resuelve la arquitectura, las instalaciones y los acabados y, posteriormente, se decide dónde colocar las luminarias.
El problema aparece cuando el proyecto está prácticamente terminado y descubrimos que la luz no responde adecuadamente a la arquitectura, los espacios no tienen la atmósfera esperada, existen problemas de deslumbramiento, los niveles de iluminación son insuficientes o excesivos, las luminarias interfieren con otros elementos constructivos o los sistemas de control no fueron previstos correctamente.
Corregir estas situaciones durante la construcción puede resultar mucho más complejo —y costoso— que haberlas considerado desde el comienzo.
Por eso, el diseño de iluminación no debería entenderse simplemente como la selección de luminarias.
Diseñar iluminación significa diseñar cómo vamos a percibir, utilizar y experimentar un espacio a través de la luz.
¿Qué hace un diseñador de iluminación?
Un diseñador de iluminación es un profesional especializado en desarrollar la estrategia lumínica de un proyecto, combinando aspectos arquitectónicos, técnicos, funcionales, energéticos y visuales. Su trabajo comienza mucho antes de seleccionar una luminaria.
Primero necesita comprender el espacio: su arquitectura, materiales, colores, alturas, circulación, actividades, usuarios y la experiencia que el diseñador o arquitecto desea conseguir. A partir de allí comienza a construir una estrategia de iluminación.
Esto implica determinar dónde necesitamos luz, qué elementos deben tener mayor protagonismo, cuáles pueden permanecer en niveles inferiores, cómo se relacionará la iluminación natural con la artificial y cómo percibirá el usuario el espacio. Posteriormente esa intención debe transformarse en una solución técnicamente viable.
Aquí aparecen aspectos como distribución fotométrica, niveles de iluminancia, uniformidad, deslumbramiento, reproducción cromática, temperatura de color, potencia instalada, eficiencia energética, sistemas de control, regulación y cumplimiento de las normativas aplicables.
Por eso el diseño de iluminación se encuentra precisamente en un punto de encuentro entre arquitectura, ingeniería, tecnología y percepción humana.
Diseñar iluminación no es simplemente elegir luminarias
Uno de los errores más frecuentes consiste en comenzar un proyecto preguntando:
¿Qué luminaria vamos a utilizar?
La pregunta debería ser otra:
¿Qué necesitamos conseguir con la luz?
Una misma luminaria puede producir resultados completamente diferentes dependiendo de dónde se coloque, su óptica, potencia, orientación, temperatura de color, sistema de control y relación con las superficies que ilumina.
Por eso un catálogo de productos no constituye por sí mismo un proyecto de iluminación.
La luminaria es una herramienta, la luz es el material con el que diseñamos y la arquitectura es el espacio donde esa luz debe funcionar.
Un buen diseño de iluminación no consiste necesariamente en utilizar más luminarias o aumentar el presupuesto, sino en colocar la luz correcta, en el lugar correcto y con el criterio adecuado.
Lo que el cliente y el arquitecto buscaban


Y lo que resulto:


¿Cuándo debe incorporarse el diseñador de iluminación al proyecto?
Idealmente, desde las primeras etapas del diseño. Cuando el especialista en iluminación participa temprano puede coordinar sus decisiones con arquitectura, diseño interior, ingeniería eléctrica, cielos, mobiliario, sistemas de automatización y demás especialidades.
Esto permite prever aspectos que posteriormente pueden ser difíciles de modificar.
Por ejemplo, una línea de iluminación integrada puede requerir un detalle arquitectónico específico; una luminaria empotrada necesita determinadas condiciones en el cielo; un sistema de regulación requiere compatibilidad entre luminarias, drivers y controles; y una iluminación de fachada puede necesitar puntos eléctricos y ubicaciones que deben contemplarse antes de terminar la construcción.
Cuando estas decisiones se toman anticipadamente, la iluminación se integra al proyecto, pero cuando se toman al final, muchas veces debemos intentar adaptarla a condiciones que ya están construidas.
¿Qué aporta un especialista en iluminación?
El trabajo del diseñador no se enfoca en solo determinar dónde colocar las luminarias, dependiendo de las características y alcance del proyecto, puede involucrar diferentes etapas:
Desarrollo del concepto y criterios de iluminación.
Definición de niveles y jerarquías lumínicas.
Evaluación de deslumbramiento, uniformidad y confort visual.
Selección y especificación técnica de luminarias.
Coordinación con arquitectura e ingeniería.
Definición de temperaturas de color y reproducción cromática.
Integración de sistemas de regulación y control.
Revisión de eficiencia energética.
Elaboración de documentación técnica.
Revisión de alternativas y equivalencias de productos.
Acompañamiento durante construcción, instalación, orientación y puesta en funcionamiento.
Por eso el diseñador de iluminación trabaja normalmente dentro de un equipo multidisciplinario, y su función no sustituye al arquitecto ni al ingeniero eléctrico, sino que los complementa.
El arquitecto desarrolla el espacio; la ingeniería hace posible técnicamente su funcionamiento; y el especialista en iluminación desarrolla cómo la luz debe integrarse a esa arquitectura y funcionar para sus usuarios.
La iluminación también afecta el presupuesto
Existe una percepción frecuente de que incorporar un especialista significa necesariamente incrementar el costo del proyecto, pero esto no tiene por qué ser así.
Un diseño correctamente desarrollado puede incluso ayudar a utilizar los recursos disponibles de una manera más eficiente. Cuando conocemos desde el principio qué queremos conseguir podemos determinar dónde realmente necesitamos iluminación, qué características técnicas son importantes y dónde sería innecesario invertir en soluciones de mayor costo.
También podemos comparar alternativas sobre criterios técnicos y no solamente sobre precio. Esto ayuda a evitar dos extremos igualmente problemáticos:
sobredimensionar la iluminación o
reducirla únicamente para disminuir costos sin considerar sus consecuencias.
El objetivo debería ser encontrar el equilibrio entre inversión, desempeño, consumo energético, mantenimiento, calidad visual y experiencia del usuario.
La iluminación y la eficiencia energética
Diseñar correctamente también significa utilizar responsablemente la energía.
No siempre necesitamos iluminar todos los espacios con la misma intensidad ni mantener todas las luminarias funcionando permanentemente al 100 %. La zonificación, regulación, sensores, programación horaria, aprovechamiento de la luz natural y sistemas de control permiten adaptar la iluminación a las necesidades reales de cada espacio.
Una estrategia adecuada puede reducir el consumo energético sin sacrificar calidad visual.
Incluso puede mejorarlo.
Porque eficiencia no significa simplemente utilizar menos luz;
significa utilizarla de manera inteligente.
La luz también influye en cómo experimentamos los espacios
Existe además una dimensión que los cálculos por sí solos no pueden explicar completamente, la percepción.
Podemos entrar a un restaurante y sentir inmediatamente que el ambiente resulta acogedor. Podemos recorrer un hotel y entender intuitivamente hacia dónde debemos dirigirnos. Una tienda puede destacar determinados productos sin que seamos conscientes de ello. Una vivienda puede transmitir tranquilidad al finalizar el día.
En todos estos casos la luz participa en nuestra percepción del espacio. La iluminación puede establecer jerarquías, destacar materiales, modificar la percepción de los volúmenes, facilitar recorridos, crear profundidad y generar diferentes atmósferas.
Por eso un proyecto técnicamente correcto no debería limitarse únicamente a alcanzar determinados valores de iluminancia.
También debe considerar a las personas que utilizarán esos espacios.

¿Cuándo conviene contratar un diseñador de iluminación?
No todos los proyectos tienen la misma complejidad, sin embargo, la participación de un especialista cobra especial importancia cuando la iluminación afecta significativamente la arquitectura, la operación, la experiencia del usuario, el consumo energético o la imagen final del proyecto.
Esto ocurre especialmente en proyectos residenciales de cierto nivel de complejidad, hoteles, restaurantes, oficinas, comercios, centros comerciales, fachadas, espacios deportivos, proyectos industriales y otros espacios donde existen requerimientos técnicos específicos.
Mientras mayor sea la interacción entre arquitectura, instalaciones, controles y experiencia visual, mayor será el beneficio de desarrollar la iluminación desde una estrategia integral.
La iluminación debe formar parte del proyecto
Durante años he utilizado una comparación sencilla.
Pensemos en un proyecto como una silla.
El cliente está sentado sobre ella y espera que su inversión sea estable, funcional y confortable.
Esa silla necesita diferentes apoyos:
Arquitectura.
Ingeniería eléctrica.
Ingeniería civil.
Iluminación.
Cada disciplina tiene una responsabilidad diferente, pero todas deben trabajar coordinadamente. Eliminar una de ellas o incorporarla demasiado tarde puede afectar el resultado final.
Y hay algo que nunca debemos olvidar: el proyecto finalmente será utilizado por personas.
Son ellas quienes vivirán, trabajarán, comprarán, descansarán, circularán o permanecerán dentro de los espacios que estamos diseñando, y la luz forma parte de esa experiencia todos los días.

Diseñar con luz desde el principio
Incorporar la iluminación desde las primeras etapas permite tomar decisiones con mayor información, coordinar mejor las especialidades y reducir improvisaciones durante la construcción. No se trata de llenar un proyecto de luminarias, tampoco de utilizar necesariamente los productos más costosos.
Se trata de comprender la arquitectura y determinar qué luz necesita cada espacio, dónde la necesita, cómo debe producirse y cómo debe controlarse.
Ese es, precisamente, uno de los principales aportes de un diseñador de iluminación. Porque al final de un proyecto no vemos watts, lúmenes, ópticas ni archivos fotométricos.
Vemos y experimentamos la luz.

¿Estás desarrollando un proyecto?
En Studio J48 desarrollamos proyectos de iluminación integrando concepto, cálculo luminotécnico, especificación técnica, coordinación y control para convertir la intención arquitectónica en una solución que pueda construirse y verificarse.
¿Tu proyecto se encuentra en Costa Rica?
Conoce nuestra consultoría de iluminación en Costa Rica.




Comentarios